11.4.08

El chocolate que cambió mi vida...

El día que salía de la oficina con la cabeza gacha por el problema de nuestra relación, me topé con un kiosco, ese kiosco que nunca ves hasta que lo necesitas. Ese día yo necesitaba un chocolate que clamara mis ansias y llenara de dulzura mi corazón lastimado por nuestra pelea. Me acerqué a la ventana y pedí el chocolate. ¿alguno es especial? me preguntó el kiosquero, cualquiera le respondí. Me extendió su mano y mientras le pagaba me sonó el celular. Eras vos que querías “hablar”. Recuerdo que quedamos en encontrarnos en nuestro café habitual esa noche a las nueve. Guardé el teléfono en mi bolsillo y sentí el chocolate que inconscientemente había guardado mientras hablábamos. Lo tomé y me dispuse a abrirlo para encontrar una pizca de esperanza en ese alimento. Recuerdo el sonido del papel quebrándose y me hizo pensar en mi corazón que había hecho el mismo sonido cuando me dijiste que ya no me querías. Le di el primer mordisco y sentí la dulzura de tus labios cuando rozaban los míos. Seguí camino a casa pensando en nuestra situación. Para el momento en que me disponía a abrir la puerta de mi departamento, ya había terminado el chocolate. Lo hice un bollito y lo guardé en mi bolsillo nuevamente.

A las nueve menos cuarto, estaba saliendo del edificio camino al café, llevaba puesta la misma campera que a la tarde y empujado por el aire helado de la noche de julio metí mis manos en la campera.

Ahí estaba, lo sentí. Ese chocolate que me había hecho pensar tanto estaba ahí para decirme que no me diera por vencido, que lo intentara y que explicara bien lo sucedido para así recuperarte. Tomé coraje, respiré hondo y saqué ese papel hecho un bollito. Lo estiré y leí con curiosidad que marca había entrado tan profundamente en mí. Era un chocolate Cadbury relleno con frutilla. Lo acerqué a mi nariz y reviví de nuevo lo que había sentido esa tarde. Paré en el primer kiosco que encontré y compre otro. Ese era para vos, y ese chocolate fue el que nos devolvió el coraje para arreglar nuestra situación y darnos otra oportunidad. Ese chocolate nos devolvió la esperanza de crear una vida juntos y ese chocolate va a estar para siempre en nuestras vidas, en cada café que tomemos y en cada caricia que nos demos.

1 comentario:

Dhiego dijo...

Me gusto tu blog, te dejo un saludo

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